jueves, 19 de marzo de 2015

3 "Hello Spring" Outfits



¿No estáis deseando que llegue la primavera? Yo estoy como loca. ¡No puedo esperar! Desayunar en la terraza, leer tumbada en la hierba, manga corta y las faldas al viento... Pensaréis que estoy loca por salir así con el frío que hace, pero yo os digo:


Si la primavera no llega, ¡haz tú que llegue!




¿Cuál os gusta más? ¿Cuáles son vuestros outfits primaverales?





PD: Estoy abierta a sugerencias de rituales para hacer llegar la primavera, ya sea voodoo, runas, sacrificios humanos... ¡La imaginación es el límite! Eso sí, nada de vísceras que me dan un poquito de asco ;)













sábado, 28 de febrero de 2015

Taller Literario: UNICORNIO



Aquí estoy de nuevo y vengo con cambios. Sobre las razones por las que tuve el blog abandonado tanto tiempo, la mayoría tiene que ver con la falta de tiempo, la Selectividad y ahora la Universidad. Pero también me he dado cuenta de que estaba un poco cansada del rumbo que había tomado. Tanto libro, tanta reseña, era demasiado. Porque, si bien es cierto que la lectura es una parte muy importante de mi vida, yo soy mucho más que eso. Hay tantas cosas que me gustan y que estaba dejando de lado... Así que esta nueva fase va a ser muy distinta y, aunque seguiré hablando de libros, también os enseñaré esas otras aficiones como son el dibujo, la escritura, la fotografía o la moda. Y cualquier cosa que me venga en gana.

Hoy os traigo un relato que he hecho para un Taller de Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción al que acudo en la Biblioteca Manuel Alvar en el que por cierto estoy muy contenta. La gente es fantástica -que no de ciencia ficción- y contar con el escritor Juan Gómez Bárcena como profesor es todo un lujo. Llevo ya varios meses escribiendo pero este es el último que les he leído y uno de los que más éxito ha tenido, así que espero que lo disfrutéis.





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Unicornio







"No está mal para el primer día" pienso, impresionado por mi habilidad. La skyline de Taipéi se recorta sobre mi particular lienzo hipster y, en vistas del resultado, creo que debería sentirme orgulloso. En realidad, a mí no me va lo de subir las fotos a Instagram, ni los unicornios ni dejarme bigote entra en mis planes cercanos; en sólo algo que hago porque sí. Ya me gustaría unirme a la moda, no por la misma en sí, que no podría resultarme más indiferente; sino por lo que supondría. Ser parte de algo. Sentirme especial.


- ¡¿Tío?! -exclama una voz chillona que rompe mi ensoñación.- ¿Y mi caramel macchiato?
Compruebo que se dirige a mí y me giro dispuesto a defender que mi obra es mucho más que un café con delirios de grandeza; cuando veo que ella ha tomado la justicia -y el café- por su mano. No contenta con eso, se lleva el vaso a la boca distraídamente y yo no puedo sino ahogar una suplica mientras la majestuosa Taipei 101 desaparece de una forma poco digna en la garganta de mi primera clienta. Resulta desalentador que mi dibujo, fruto de tanto mimo e ilusión, haya sido vilmente menospreciado por ese agravio de la modernidad con forma de adolescente. "A ésta no se le acercaría ununicornio ni borracho" me vengo silenciosamente y vuelvo al trabajo. Londres, Abu Dhabi, San Francisco... Los clientes se suceden y, poco a poco, me voy acostumbrando a su indiferencia. Ellos no lo entienden... Yo pongo mi alma en la espuma de esos cafés y el hecho de que sean efímeros no hace sino volverlos más hermosos.


Entonces intuyo algo extraño en el ambiente y me paro a escuchar. Exacto, no se oye nada. Silencio total. La gente, antes tan ruidosa, permanece inmóvil en sus asientos, con el vaso entre las manos. Acercándome un poco, observo que tienen los ojos cerrados y sus labios, que tantas muestras de desprecio me habían regalado, se curvan ahora en una estúpida sonrisa. Siento una mano que me toma de la muñeca con urgencia y me encuentro con mi primera clienta, el dechado de virtudes. Que me mira con... ¿adoración?

- Más. Necesito más -yo la observo atónito, sin comprender. Ella parece tomarse mi silencio como una negativa y comienza a sollozar, apretándome el brazo con más fuerza.

- Ey, ey, tranquila. Dime qué quieres y lo hablamos.

- Esa mierda es flipante. Te pagaré, pide lo que quieras, pero esta vez quiero ir a París.

- ¡Y yo a Tokio! -suplica un elegante ejecutivo en cuyo café había dibujando las Ayers Rocks.

Las peticiones se suceden, a cual más insólita, al tiempo que yo voy recomponiendo lo sucedido. Una anciana cubierta de pies a cabeza me explica, con los ojos anegados en lágrimas, como mi café le ha transportado a su Argel natal e insiste en regalarme a su nieta a cambio de una segunda visita. Así, me veo inmerso en un frenesí de café, caramelo, vainilla, moca y mucha, mucha espuma; reducido a un mero esclavo de los deseos del cliente. Cuando me dijeron que entrar a trabajar a esta cadena mundial de cafeterías era como prostituirse, nunca me imaginé que acabaría así.


Desde ese, si no fatídico, como mínimo trascendental día he intentado dejarlo en múltiples ocasiones pero una multitud, atrincherada a la puerta del negocio, no me lo permite. Mi don es único en el mundo con todo lo que eso conlleva. Estoy atrapado. Hay momentos en los que me siento con energías renovadas y me digo que por fin tengo lo que siempre he deseado, ser especial y ayudar a la gente. Pero también hay otros en que me imagino víctima de una elaborada broma mediática y, dado mi aislamiento, sería objeto de burla de todo el país sin saberlo. Esta duda tendría fácil solución: probar los efectos del café viajero por mí mismo. ¡Pues claro que lo he hecho! Y nada. Sea lo que sea, conmigo no hay resultados. Eso, más que ninguna otra cosa, es lo que me mata por dentro. ¿De qué sirve tener el poder de transportar mentalmente a la gente a cualquier ciudad del mundo si yo no puedo experimentarlo? Tanto anhelar ser importante, aceptado, parte de algo; y mi deseo se vuelve en mi contra. Me siento utilizado, un daño colateral para que el resto sea feliz. Todos menos yo.



De pronto soy consciente de que estoy acurrucado en una esquina tras la barra, en un mar de sudor y lágrimas. Siento un extraño peso en el pecho que achaco a la ansiedad y sostengo un bote de sirope de fresa en la mano derecha como si me fuera la vida en ello. Escucho susurros y sollozos intercalados entre la gente y asomo la cabeza algo asustado, temeroso de que su impaciencia se pueda convertir en algo peor. Lo que no me espero es encontrarme con un montón de miradas tan asustadas como yo, escondidas tras sus cafés. Si no fuera porque es imposible, diría que me temen a mí. Más allá, tras los amplios ventanales, se reúne una multitud. "Los que no me dejan salir", me digo, aunque ahora que los observo con atención creo que van vestidos de uniforme. Repentinamente me viene un pensamiento a la mente: "¿No será que yo no les dejo entrar?". Siento una enorme necesidad de apretar el bote de sirope, de alguna forma, sé que eso me traerá paz. Acabar con todo... saboreo la idea, pero algo me retiene.

Un rostro al otro lado de la barra, tal vez. Se trata de una mujer joven y hermosa de una forma clásica. Algo en ella transmite calma y tranquilidad, basta con perderme en sus ojos para que mi corazón recupere su ritmo natural. De pronto siento vergüenza por mi estado y trato de recomponerme al tiempo que le pregunto.

- ¿Qué te pongo?

- Nada de eso -sonríe.- Yo estoy aquí para servirte a ti.


Me extiende una porción de tarta de queso que tomo primero con cautela para dar paso a la avidez. "¿Cuánto hace que no como?".

- ¿Te gusta? Es casera.

- Es perfecta -respondo con emoción. No es la tarta en sí, sino el hecho de que alguien se haya preocupado por mí. Por mi felicidad.


Se me ocurre que tal vez vaya bien el sirope de fresa con la tarta pero, al mirarlo, veo que no es un bote de sirope lo que sostengo.

- Suelta el detonador, Sam.


Es un detonador. Y apretarlo provocaría algo más que una lluvia de fresa. Relajo los dedos lentamente hasta liberarlo del todo y me fijo en el cable que lo une con mi pecho, lleno de explosivos. Dios mío... ¿qué me ha ocurrido? ¿Qué es real y cuánto he distorsionado? La mujer, como sintiendo mi pánico, me toma de la mano y me ayuda a ponerme en pie. Sin dejar de mirarme, hace un gesto a la gente para que se marche, que salen despavoridos a reunirse con las fuerzas de seguridad. La cabeza me da vueltas. Veo su placa bajo la chaqueta. Me ceden las piernas, pero ella me recoge y me tumba en el suelo con suavidad. "¿Qué me has puesto en la tarta?" intento preguntarle, aunque no me salen las palabras. 



Lo último que veo antes de que el mundo se vuelva negro es su rostro, enmarcado en cabellos rubios, casi plateados y pienso en el unicornio. En el umbral de la consciencia, creo oírla susurrar:


- Vuela, Sam. Vuela lejos.






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sábado, 14 de febrero de 2015

My song, your song. Our song.



He vuelto al mundo. Y va a haber muchos cambios por aquí. Pero hoy no es tiempo de hablar de mí, sino del amor. Toda nuestra vida gira en torno al amor, es el amor quien nos obliga a levantarnos día a día y al acostarnos nos llena la cabeza de mariposas. Amor a uno mismo, a la pareja, los amigos, la familia... Incluso la ausencia de amor es, en esencia, otro tipo de amor. 

Así que hoy nadie se libra. ¿Del amor o de escuchar mi canción? De las dos cosas, baby. Porque yo he decidido exaltar el amor a mi manera, cantando, desde el corazón.  

Your Song, la canción de Elton John. Pero también es mía, tuya y nuestra.  



My Songyour SongOur Song.



video



❤ Feliz San Valentín 












domingo, 2 de marzo de 2014

Las nominadas más LEGOriginales


Después del éxito de La Lego Pelicula y bajo la inminencia de los Oscars, el equipo de diseñadores Old Red Jalopy ha recreado los pósters de algunas de las nominadas al célebre estilo de las figuras danesas. ¡Ahí van!








Hoy, en lugar de hacer mi quiniela como todos, apostaré por la más... LEGOriginal. ¡Me quedo con Her! Es que la réplica en lego de Joaquim Phoenix me enamora... no puedo evitarlo... es aún mejor que el original. E inmediatamente después viene la Gran Estafa Americada, mas que nada por las caracterizaciones de Bale y Lawrence. ¡Épicas!




Por último, me reitero en lo divertidísima que es la adaptación de Lego. ¡Para mondarse! Porque en esta noche de cine no puedo dejar pasar mi pequeña recomendación: olvídate de estafas y transacciones, viajes y expediciones, amores imposibles y búsquedas que lo son más; y limítate a volver a tu infancia, a ver el mundo en bloques de colores y recordar que, con imaginación, se puede construir cualquier cosa.














martes, 31 de diciembre de 2013

¿Uvas o Mandarinas?




Se acerca el 2014 y ¡hay que celebrarlo! Sin embargo, esta noche la tengo pillada con los amigos y las campanadas en Sol no pueden ser así que fui... al ensayo. Pero no ese rollo de Neox, sino las campanadas de las 12... de la mañana. Porque si la noche es para los amigos, la mañana se la reservo a la familia. Había niños, padres, extranjeros... Y también jóvenes, bastantes en realidad, porque una copita de champán barato y un beso al dar las 12 no entiende de edades.








Eso sí, nada de uvas. Las uvas de la suerte están reservadas para la noche, no peques de avaricioso y le robes la suerte al de al lado. ¿Las más populares? ¡Mandarinas! A cada campanada, un gajo. Ahora os pregunto yo:
¿mandarinas o uvas? ¿uvas o mandarinas?



Ya sea una o la otra, ¡o si quieres lacasitos! En la Puerta del Sol, en tu casa, en la calle, con la familia, con los amigos; lo importante es ir con los mejores deseos y la mejor compañía.



Este 2014 lo quiero celebrar... ¡contigo!









lunes, 16 de diciembre de 2013

La atracción de los opuestos



Ella es positiva,
mágica y esquiva.
Él es negativo,
rudo y posesivo.


Ella tiene miedo,
está fuera de juego.
Él tienta a la suerte,
es un hombre fuerte.


Ella es más
y él es menos.
Ella es aire
y él es fuego.






Ella vuela alto,
surcando los cielos.
Él vive en el mundo,
los pies en el suelo


Un encuentro casual,
casi un atropello.
Cruzando miradas
Donde el cielo roza el suelo.


Menos y más,
son los dos extremos,
los polos de un imán,
la atracción de los opuestos.











martes, 10 de diciembre de 2013

Juego de Caballeros, el thriller de misterio definitivo



No sé si conoceréis a Joanne Harris, los que sí sabréis que es una de las escritoras de ficción con toques mágicos más importante de los últimos años. Su obra más importante, Chocolat, fue llevada con gran éxito a la gran pantalla, pese a no ser igual con su segunda y tercera parte (publicada recientemente).


De todos sus libros, hoy vengo a hablaros de una me mis últimas lecturas que, discreta pero definitivamente, se ha metido entre mis favoritos. Se trata de Juego de Caballeros, una intrigante novela que, cual cebolla, tiene capas sobre capas y, siempre que crees haber llegado a la última, te das cuenta de que el misterio es mucho más profundo de lo que puede parecer. Y eso me encanta, adoro que el autor juegue conmigo de esa manera. Quiero sorpresas, giros en la trama y un final que me deje con la boca abierta.

Este libro, pese a salirse de mi género habitual (fantástico), es un soplo de aire fresco que realmente cambia tu forma de ver la vida, al menos por unos días. Y te deja con un sabor agridulce en la boca, el de haber sido engañado y reconocer la superioridad del autor en todo momento. Sientes la necesidad de hacer una reverencia, virtual o no. Y entonces corres a leértelo por segunda vez y disfrutar de todos los detalles que pasaste por alto.




Y a vosotros que, ¿os gusta ser engañados por los magos de la palabra?






En el prestigioso colegio St. Oswald, en el norte de Inglaterra, acaba de inaugurarse el nuevo curso escolar. Un curso que va a ser especial, ya que las rancias y adormecidas aulas se han visto inundadas de aires de cambio gracias a la incorporación de muchos avances tecnológicos. Los profesores, que siempre habían ejercido su oficio de la forma más tradicional, deberán olvidar los antiguos métodos para adaptarse a los tiempos. Es una renovación que a algunos, como el viejo profesor de latín Roy Straitley, les viene grande. Straitley se siente marginado, no sabe utilizar un ordenador y quizá tenga que plantearse la jubilación, aunque St. Oswald lo haya significado todo en su vida. 

Pero no será esto lo único que perturbe el ambiente escolar. Bajo las pequeñas rivalidades y discusiones triviales que se dan cada día subyace algo mucho más peligroso: un rencor amargo y profundo, que ha permanecido oculto durante trece años y que está a punto de estallar. Sin quererlo, el profesor Straitley va a ser el detonante y la primera víctima. Porque lo que había comenzado como una broma pesada iba a abrir las puertas al pasado... y a la muerte.



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Lo más curioso de todo, es que si intento contaros algo del libro sin estropearos el resto... ¡es imposible! El misterio está presente de la primera página a la última y ni siquiera puedo describiros a los personajes porque todos ellos esconden sus historias. El caso es que, de describíroslos, os los mostraría como se conocen en las primeras páginas; pero entonces yo, al saber su verdadera cara, os estaría mintiendo también. Por tanto, me he decidido por contaros lo justo y necesario, confiando en que os llame suficientemente la atención como para que le deis una oportunidad.

Otra cosa interesante es su relación con el ajedrez, un juego de estrategia e inteligencia, dos características propias de Juego de Caballeros. El libro entero es una partida gigante, siendo cada personaje una ficha del tablero. Algunas relaciones son muy evidentes, como en el caso de Knight y Bishop (caballo y alfil respectivamente), y otras se van desvelando a lo largo de las páginas. Nadie se libra en esta batalla campal, de honor, sangre, nobleza, huesos y prejuicios; sobre un fondo en blanco y negro.





¿El objetivo? St. Oswald, la célebre y exclusiva escuela para chicos; con sus luces y sus sombras. Por los pasillos puedes ver las lustrosas fotografías de jóvenes serios e ilustres, orgullo de la escuela; pero no olvides que cada rincón esconde sus fantasmas y retazos de sus almas nostálgicas se han quedado adheridos a cada pupitre, taquilla o gárgola del tejado. Y sin embargo, los profesores más antiguos, como el anciano Straitley han aprendido a amar esos fantasmas como a sus hijos, en una extraña mezcolanza de sentimiento de culpa y amor. 



Porque sí, es el caso, St. Oswald tiene vida propia. Es un árbol robusto y antiguo, con lustrosas manzanas carmín y frutas podridas en igual parte; que cuida de los suyos y se protege de los demás, llegando a tocar el cielo con sus ramas más altas. Lo cierto es que, si lo pienso, la verdadera protagonista de este libro es St. Oswald y su presencia omnisciente se puede saborear en cada diálogo. Creo que es la primera vez que me encuentro con una novela en la que el lugar físico de la acción cobra tanto protagonismo... Una opción novedosa e interesante, ¿no creéis?






Os invito de todo corazón a darle una oportunidad a Juego de Caballeros porque se trata, sin lugar a dudas, del mejor libro que he leído este 2013.